Pero el miedo es irreal, nosotros mismos le damos vida y permitimos que exista dentro de nuestro ser, por ello nadie más nos lo puede quitar, solo hay que enfrentarlo, mirarlo a los ojos, vencerlo, superarlo, decirle que haga lo que haga no nos puede ganar. Porque sino lo intentamos de nuevo, nunca sabremos si lo podremos realmente lograr; sino nos damos la oportunidad de amar y sentirnos amados, le estaremos cerrando las puertas al amor y quizás nunca lo podamos encontrar.
El miedo manipula nuestros pensamientos y sentimientos; nos hace ver todo oscuro, nos cierra todas las puertas, nos ata de manos y pies, encadena nuestra mente, no nos deja soñar, seguir, ganar.
El miedo se hace grande o pequeño, según la importancia que le demos; entre menos le enfrentemos, más vida y fuerza le daremos. por ello, hay que aprender a descubrir en cada nuevo día, otra oportunidad que se nos da, para intentarlo de nuevo, abrir el corazón, construir una amistad, pero sobre todo, para volver creer y a soñar.
Sentir miedo es como experimentar que estamos caminando por un sendero oscuro que no sabemos a dónde nos va a llevar, en el cual podremos encontrar obstáculos, espinas, tropiezos, caídas, fracasos, heridas, pérdidas las cuales no queremos hallar. Por ello, encendamos la luz, y el miedo se irá, todo se verá mejor y sabremos que en nuestro peregrinar por la vida, no estamos solos, el amigo siempre a nuestro lado está, nos muestra el camino, sana las heridas, revive nuestros sueños e ilusiones, le da un nuevo sentido a cada día.
Por ello repito una y otra vez: "Si Dios está conmigo, ¿a quién o a qué temeré?"...
"Si la vida te parece demasiada aburrida, mira el cielo y espera con tu corazón, la vida junto a Dios tendrá que ser mas divertida."










